jueves, 3 de junio de 2010

a vos - a ti - a usted



A vos, lector:

Vos, lector de quinta, decime qué te pensás… La vida no es simplemente leer y hacer tuyas mis obras, ¿o sí? ¿Te creés que porque abro mis versos y mis cuentos a tus ojos, porque te sirvo en bandeja algo tan preciado como los enunciados que se repiten como un eco en mi cabeza, podés, por arte u oficio, hacerte de ellos como si fueran propios?

La vida no es así de simple, no señor. ¡Esto es un absurdo! ¡Un ultraje! Si supieras lo difícil que es entenderías. ¿O acaso se te ocurre que podés adueñarte de mis rimas y mi métrica? Eso es lo que hacés vos; desglosás mis párrafos, destripás mis historias y las dejás hechas comas y puntos flotantes, a la deriva, que cambiás de orden en tu perverso subconsciente y reordenás con tu batuta cerebral. Te aprovechás de mis pronombres por ser deícticos y los interpretás a tu manera, tomando en cuenta poco o nada sus sentimientos y sus correferencias…

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Ahora que lo pienso, el que está equivocado soy yo. ¡No debería mostrarte mis cosas! ¿¡Por qué tengo que abrirte la puerta de mi casa si ni siquiera te conozco!? Probablemente nunca nos vimos, y tú, lector, tú te atribuyes derechos subjetivos e intereses legítimos sobre mi obra indefensa, la conquistas, y la conviertes a tu religión, si es que acaso tienes una, ¡y de mí la emancipas!

De todos modos fui yo quien te abrió la puerta, ¿no? Ahora que lo pienso, no es tu culpa entrar a un sitio donde alguien decidió no pasar la cerradura. ¿Qué dices? ¿Que soy un hipócrita? No quiero verlo desde esa perspectiva. Aunque puede que tengas razón… No he sido justo contigo en los párrafos de arriba. Tú hiciste lo que pudiste, y es tan válido como lo hecho por mí mismo.

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Al fin y al cabo, le di permiso, le pedí a usted que leyera, que me leyera, y lo mínimo que puedo hacer para retribuirle su amable atención y el tiempo que nos ha dedicado a mí y a mis textos es escuchar su opinión, su visión de mi mundo, tan válida como la del abajo firmante. ¿Por qué mi pozo tiene que ser su pozo? ¿Por qué mi gaviota tiene que ser la misma que su gaviota? Las dos gaviotas existen, y los dos pozos también…

Señor Lector, perdóneme por la soberbia y disculpe mi egoísmo. Me doy cuenta que su rol también es importante, y si bien no escribo para que lea lo que escribo, lo que escribo está para que usted lo lea, cuando quiera, si lo desea. ¿Me entiende?

Saludos cordiales,

Halcón Peregrino

3 comentarios:

  1. Dedicada especialmente a mi compañera lectora y colega escritora, Luisa.

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  2. Gracias, Halcón, me gustó mucho su carta a, nosotros, los lectores. Parece medio insolente de nuestra parte adueñarnos de tus escrituras, pero qué bueno que nos des libertad de interpretación.

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  3. En cada blog creado se esconde un autor soberbio. Porque como has dicho, a pesar de que uno no escribe para un tercero, el sólo saber que ese texto será publicado lo condiciona al autor, al escrito y al lector de alguna manera.
    Sabiendo que detras de esas palabras se esconde una persona con ideas propias y puntos de vista... Uno, el espectador no puede evitar degustar, absorver y trasgiversar las palabras, para que en su mente representen la idea que tienen del escritor.
    Me ha gustado mucho este texto, pero recién estoy comenzando a leer tus entradas, así que aun no decido mi preferido. Espero que sigas escribiendo. Saludos, Lady B.

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