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miércoles, 22 de febrero de 2012

Simplemente, la vida.

La vida no se trata de hacer grandes cosas.

La vida se trata, simplemente, de hacer cosas…

La vida no se trata de tesoros en una isla,

sino de vintenes en la vereda de una plaza.

La vida no se trata de éxitos, se trata de sonrisas.

La vida no se trata de mucho más que lo que ves;

no hay misterios escondidos,

no hay grandes promesas fuera de tu alcance.

La vida es lo que hagas de ella con tu mente, pues,

no se trata de amores eternos ni felices para siempre.

Con suerte se trata de acariciar el amor, así…

Tu vida no es un vasto mar que conquistar

ni es la cumbre de una montaña

o el final del camino.

Tu vida es el camino.

La playa donde creciste,

la ladera de una colina.

La vida, tu vida, es sencilla.

No busques explicaciones, no busques pretextos,

porque la felicidad no necesita explicaciones

y para estar aquí no necesitas pretextos.

La vida no es como te vean ni como te escuchen.

No se trata de billeteras infladas a noches de insomnio.

La vida, con suerte, es un billete

y es pan y es vino

en una calle perdida en el tiempo

en la madrugada.

Es un susurro… no un alarido.

Tu vida no se trata de luces, oro y fotos a colores

sino de atardeceres rojos

y memorias en blanco y negro.

La vida no se trata de lo que tú veas de ella,

ni tampoco se trata de lo que la vida vea de ti.

En cambio,

quizás,

algún día,

en un espejo roto, descubras,

que todo se trata

de los ojos que ven el reflejo

de tus propios ojos…

martes, 14 de junio de 2011

Soy Aries, Aries soy


Soy Aries,

Aries soy…

Aunque recién te conozca

bienvenido a mi casa;

lo que ves es lo que soy,

de lo que tengo

doy.

-

Soy bicho de las montañas:

de subidas empinadas y bajadas

(bruscas bajadas),

pero por los valles

no voy, y solo,

-‘solo’ sin tilde-

contento estoy…

-

Soy perfeccionista

y es que

nací para escalar.

Entendelo,

no me gusta tropezar,

es verdad,

lo acepto.

-

En la cabeza: ¡un escudo!

Oh, ¡qué escudo testarudo!

Mis ideas; mías solas

en mi casa mando yo

y allá, afuera,

a veces,

si puedo,

también…

-

Paseo buscando escorpiones

entre las piedras sueltas

de las colinas

donde reino soberano;

escorpión-citas

rojas y brillantes

que me den trabajo,

que me quieran intimidar

y hacerme morir

de amor.

¡Que me sorprendan!

Si me amenazan

me gusta

Si me matan…

mejor.

-

Los otros bichos creen

que me gusta saltar más

que ellos, bichos,

o subir más

y dejarlos atrás.

¿No saben que a mí

me gusta saltar más

que el último salto que di,

subir más y más alto

que la última vez que subí?

-

¿Tan malo es,

estimados once colegas?

¿Tan difícil

de entender?

-

Y en el camino:

los Amigos.

Oh, los Amigos,

esos no pueden faltar

a la hora de cenar.

Pero soy exigente,

ah sí, no puedo

evitarlo, no lo consigo,

porque

valoro la lealtad

en la gente,

pero repudio el egoísmo.

-

Y qué cosa fea:

la hipocresía.

Y qué cosa deplorable:

la indiferencia.

Qué patético:

que me crean tonto

por como río

pienso o visto…

Mirá que yo río último,

pichón de paloma,

no te creas listo.

-

Soy sencillo y lector.

No nací para lo mediocre.

Ojalá.

-

¿Un paso certero?

Elogiame por mi buen trabajo

¿Un error que condeno?

criticame

sin tener una solución

mejor.

-

¿Te gusta?

Soy Aries

¿No te gusta?

Aries soy

¿Te sirve lo que digo?

¡Bienvenido!

¿No te sirvo?

Uy,

qué

mal…

-

Allá tú contigo.

jueves, 2 de junio de 2011

Los viajes de Sir John Scott II





Sir John Scott, ese mismo inglés que hace aproximadamente un año pisó por primera vez suelo uruguayo, llegó nuevamente a nuestro país el pasado martes por la tarde. Una vez que hubo finalizado la reunión de negocios que fue motivo original de su viaje, luego de una larga ducha en su habitación y tras haberse puesto ropa más cómoda, decidió salir a caminar por los alrededores de su hotel como hace de costumbre.

Pocitos es un barrio sumamente cotizado, donde como bien pudo apreciar el angloparlante, el nivel promedio socioeconómico supera la media del país. Pese a estar acostumbrado al frío, no pudo evitar el arrepentimiento de no haber salido con al menos una bufanda de lana. Y así fue Sir John Scott adentrándose por las calles grises y sinuosas del lugar, y poco a poco observó como los lujosos edificios daban paso a casas no tan doradas pero de un gusto para nada inferior.

El ladrido de un labrador negro lo detuvo a mitad de cuadra, y al mirar al jardín de una casa que parecía abandonada lo vio. Allí estaba el sabueso, acostado con la cabeza en alto mirando a nuestro visitante. A su lado, en una silla de mimbre, sentado estaba un veterano de pelo gris, barba de dos días y botas de cuero.

Fue otro objeto, sin embargo, que llamó profundamente su atención; ahí estaba nuevamente aquel cáliz de lo que parecía ser madera, lleno de una hierba verde y con una especie de artilugio alargado de plata que, por lo que pudo apreciar en su visita anterior al Uruguay, servía para succionar en grupo la infusión resultante de echar agua caliente dentro del cáliz. Allí estaba el mate.

–¿Puedo ayudarlo, caballero? –dijo el veterano con un tono sumamente educado.

–Disculpe, no fue mi intención molestarlo… –respondió Sir John con su español impregnado de acento europeo.

–Descuide. ¿Está perdido? –preguntó el hombre al notar el acento gringo de su interlocutor.

–Estoy recorriendo el barrio. Me llamó la atención ver cómo la mayoría de las personas por aquí toman ese té casi a diario.

–Lo llamamos “mate”. Es una tradición de nuestro país.

I see… –dijo el inglés. –Le molestaría…

–En absoluto –dijo el veterano. –Pase a gusto.

Y así lo hizo Sir John Scott. Vio que el perro había vuelto a apoyar su cabeza sobre sus patas y esto le dio confianza. Cuando llegó al lado del hombre lo saludó con la mano, y pudo casi al instante sentir la piel áspera de la misma.

–Tome asiento, siéntase a gusto. ¿Es usted de Norteamérica?

–Soy inglés. Londinense, para ser más exactos… Sir John Scott, encantado –se presentó con el orgullo que le confería su título de noble.

–Raúl, a las órdenes –dijo el hombre con sencillez.

–Sabe –empezó el inglés, –nosotros también tenemos una tradición muy similar en nuestro país. A diferencia de su “mate”, nosotros tomamos el té, aunque de forma individual. He visto que ustedes lo comparten, pero aún no he entendido por qué es tan popular.

Sir John vio como la expresión en la cara de Raúl se tornaba más seria, similar a la de un maestro cuando el mejor alumno de su clase le hace la exacta pregunta que esperaba obtener. El hombre del pelo gris tomó el mate con ambas manos y lo acercó a su nuevo amigo.

–El mate –comenzó, –ha estado entre nosotros por muchísimas generaciones. Los indios que habitaban nuestra región veían en él propiedades mágicas, tanto que a menudo se hablaba, y aún se habla, del espíritu del mate –. Raúl hizo una breve pausa y acomodó el artefacto de succión inmerso en la hierba verde. –Esto se llama “bombilla”, y la hierba verde es en realidad “yerba”.

Sherbah –repitió Sir John.

–Exacto. El mate es mucho más que un té, compañero –continuó Raúl. –El mate es una propuesta, una invitación. Cuando se ofrece un mate que preparó uno mismo, no sólo se ofrece el mate sino que también se comparte el espíritu –decía mientras vertía el agua caliente cerca de la bombilla. –Cuando uno ceba el mate el mundo se detiene –. La voz del hombre era lenta y profunda. –A medida que se llena el mate de agua y el vapor emana de la yerba caliente, la expectativa crece y se genera una promesa implícita. Darle un mate a un amigo es como invitarlo a entrar en nuestra casa. Y los demás, los que allí se encuentran reunidos, rara vez pueden evitar contemplar la escena con admiración, más aún si se trata de un buen cebador. No importa cuántas veces lo haya visto uno a lo largo de los años, ni cuántas veces hayamos tomado un mate en lo que va del día, ver cebar un mate reconforta el alma del mismo modo que lo hacen las brasas de una estufa a leña encendida en una tarde de invierno. No son pocos los que incluso sienten un ligero chucho de frío…

Sir John Scott escuchaba atónito las palabras de quien para él acababa de convertirse en uno de los hombres más sabios de la historia. Tenía la piel de gallina.

–Nuestros niños desde pequeños y de forma casi inconsciente aprenden a respetar el silencio del momento del mate. Dentro de nuestros corazones, todos sentimos el espíritu de estas tierras que alguna vez fueron charrúas, y cuando se entrega un mate al compañero y él se lleva la bombilla a los labios… –Raúl le pasó su mate al inglés y éste lo tomó. Conteniendo el aire en sus pulmones y lentamente, sin quitar los ojos de la espuma en la yerba verde, Sir John Scott sorbió el agua hasta que los mismos sonidos del mate le avisaron que era hora de detenerse.

–Cuando uno se lleva la bombilla a los labios y toma el mate, esa energía contenida dentro del Santo Grial de los uruguayos nos invade y nos calienta las entrañas. Entonces, cuando finalmente se devuelve el mate al cebador –como bien hizo el inglés –se completa el círculo y se tiene una verdadera comunión. Y lo que el mate une en una rueda de hermanos, Sir John Scott, unido queda…

Al cabo de tres días, ya sentado en el balcón de su apartamento de estilo victoriano con vista a los Jardines de Kensington, Sir John Scott cebó su primer mate solitario a las cinco en punto de la tarde. Y desde ese mismo instante, se prometió a sí mismo en nombre de la Reina, y con su labrador negro a sus pies como único testigo, que nunca más volvería a tomar té.

Salvo que fuera Twinings

lunes, 16 de mayo de 2011

Probabilidades...


CASI NUNCA el miedo a lo incierto nos dejará alguna enseñanza que valga la pena.

MUY DE VEZ EN CUANDO cocinar para uno sabrá mejor que cocinar para dos.

RARA SERÁ LA OCASIÓN en que querrá uno mirarse al espejo y verse tal cual es.

ALGUNAS VECES las cosas que realmente nos apasionan cambiarán con el paso de los años.

FRECUENTEMENTE un libro será un excelente regalo.

CASI SIEMPRE un viaje se convertirá en la mejor de las inversiones.

Pero ETERNAMENTE, y por los siglos de los siglos, la rutina permanecerá como la fiel y silenciosa cómplice de los verdaderamente enamorados…

jueves, 30 de diciembre de 2010

Nuevo día


Abre las cortinas y que entre el sol de la mañana

que barra el aire viciado de la noche oscura y fría

que se escurran por ventanas los cantares de las aves

e inunden la casa vieja de fresca melancolía.

-

Abre todas las puertas rotas y que entren los amigos

que partan el pan con ganas y compartan el vino

nadie debe quedar afuera porque nace un nuevo día

nadie debe olvidar hermano que compartir nos da la vida.

-

Destapa el techo de chapa y que se cuele el viento fresco

y que si hay lluvia que nos moje, que la lluvia limpia el alma

de amores que no lo fueron y sinsabores muy amargos

y la deja nueva y pura como el lucero muere al alba.

-

Tira afuera todas tus llaves y rompe todos los candados

que nadie debe estar preso en su humilde morada

pues no hay peor ladrón que el sucio miedo a ser robado

ni nada más injusto que una vivienda enrejada.

-

Quita el polvo de la alfombra y pon algunas flores nuevas

Querida, que es primavera, y si es otoño que no falten

algunas hojitas secas en la mesita de noche

y si es invierno prende el fuego y que los leños nos canten.

-

Reza mucho y pide poco y no te quejes demasiado

que si miras con cuidado verás a tu alrededor

que gratis y sin impuestos otro día se te ha dado

respira profundo y lento. Y dale gracias al Señor.

Desfile de las memorias


Cansado de tropezar me asomé al balcón de mi pasado

y eché un vistazo a la gente que pasaba sin mirar mirando

por allí vi árboles con pájaros más libres que los de hoy

y vi una luna lunera y la luz de aquel farol

-

en el bar de la nostalgia de la esquina de mi barrio

te vi con un café en mano por la ventana del recuerdo

y qué amargo chiquita ese sorbo tan profundo

y no me llores Magdalena no me llores que me hundo

-

entre el viejo paraíso y el quiosco de la utopía

donde antes compraba sueños y siempre al pagaré

vi al mismo anciano de siempre con su chaleco azul oscuro

que me obligó a cerrar los ojos y recordando recordé

-

a la vecina de ojitos claros menudita pero entera

tocando a la puerta blanca a las veinte para las seis

con su canasto de mimbre vendiendo canciones vascas

y de Santurce a Bilbao sus sardinas frescué

-

oí el ladrido de un perro que me estrujó el alma intranquila

y a pocos metros la vi a la dálmata manchada

y me pidió con su cola alegre que no la extrañase tanto

que los perros van al cielo y ahí nunca les falta nada

-

por la avenida vi a mis héroes de la infancia en un desfile

cargando los estandartes como lo hacía yo en la escuela

al frente iban tres caballos sonriéndole a la gente

y atrás en la retaguardia caminando las maestras

-

quizás fue el viento de otoño o la bruma del invierno

que trajo a mi mesa amigos que ya no tocan a la puerta

o habrá sido el roce tibio de los abriles dormidos

que se coló por las rendijas de mi esperanza muerta

-

entre las hojas secas vi fotos de las casas en que vivía

y entre las nubes pasar aviones que alguna vez me hicieron viajar

al cordón de la vereda guitarras bailando con partituras rotas

y finalmente en mis manos el reloj las seis en punto golpear

-

quién sabe vuelva mañana a pasearme por el balcón

para borrarle cruces a días que ni recuerdo haber tachado

quién sabe vuelvas mañana con tu café un poco más dulce

y con un beso frío me ahogues en el néctar de tus labios…

lunes, 29 de noviembre de 2010

¿TU VIDA EN EL FAST-FORWARD?

La noche de domingo me trajo consigo una reflexión que se ha pasado las últimas dos horas navegando sin descanso en mi mente. De hecho, todo surge a raíz de la película Click, protagonizada por el versátil actor norteamericano Adam Sandler.

Para quienes hemos visto la película, grupo en el cual de ahora en más me incluyo, el mensaje se deslinda sin mayores dificultades. Disimulada por el incesante humor que se extiende a través de la mayor parte de la trama, se nos muestra de la forma más cruda una realidad a la cual muchos hacemos oídos sordos y ojos ciegos: el hecho de que nuestras vidas estén pasando a velocidad de fast-forward, término que en inglés designa a la modalidad de los controles remotos para acelerar el desarrollo de la película. Para los menos entendidos, es el opuesto a “rebobinar”.

Alejándome un poco de las generales de la película, que recomiendo a cualquiera que aún no la haya visto, quisiera focalizarme en la moraleja de la historia. Se trata, a grandes rasgos, de un personaje que se hace de un pequeño control remoto que le permite comandar a piacere el trascurso de distintas instancias a lo largo del día a día. Lo que llama la atención, sin embargo, es que este personaje muestra una gran preferencia por presionar el botón que le permite adelantar su vida bastante más a menudo que lo que oprime el botón de pausa, y ni que hablar el rewind.

Y en efecto, al principio parece divertido; logra evitar las horas perdidas en embotellamientos de tráfico, se saltea las discusiones con su mujer, aprieta mute cuando sus hijos se acercan a hablarle y pedirle favores, e incluso adelanta su vida a la hora de hacer el amor con su mujer. Para cualquier espectador, al principio, y pocos podrán negarlo, la idea se resume en una sola palabra: sensacional. Es como un editar los momentos que nos estorban, que sobran, que son simple “relleno” del transcurrir de nuestra existencia. Lamentablemente, en seguida uno se percata que estos momentos representan una porción significativa de la vida de nuestro sujeto en cuestión.

Lo abrumadoramente espeluznante, sin embargo, llega un poco más avanzada la trama, y es cuando Michael (Adam Sandler) comienza a notar que el control remoto funciona a memoria, es decir, registra el uso reiterado y empieza a saltear escenas de forma automática según las preferencias guardadas de su usuario. ¿Se sigue el hilo?

El resto de la obra prefiero omitirlo por respeto a los lectores que, como yo, aborrecen saber los finales de libros y películas antes de llegar a ese punto por sí mismos. Y ahora te pido, en cambio, que por un segundo pienses hasta qué punto no tenés ya en tus manos este moderno control azul…

Al menos en Montevideo, comienzos del siglo XXI, a la gente le gusta “desenchufarse”. Irónico, ¿no? Miramos un programa de tele que no nos aporta nada, simplemente para “desenchufarnos”. Dormitamos en el ómnibus o escuchamos música, porque necesitamos “desenchufarnos”. Insisto, pensémoslo bien: si estamos utilizando la jerga de las máquinas, con expresiones como “desenchufe total”, o “stand-by”, o cuando “hacemos corto circuito”, es porque gradualmente nos vemos a nosotros mismos cada vez más similares a una máquina. Entonces, te pido que te imagines como una pequeña televisión. ¿Te resulta apetecible la idea de “desenchufarte”? Cómico, porque tenía entendido que desde que el hombre es hombre, nuestra raza venía intentando huirle a ese “desenchufe total”.

Lo que Michael logra hacer en la película no es tan disparatado, ni se diferencia –a grandes rasgos- de lo que nosotros mismos hacemos cada día con más frecuencia. No es poco común que nos invadan blancos mentales. ¿Acaso no te ha pasado de quedar desconcertado porque no recordás cómo llegaste caminando a tal o cual lugar, o es que nunca has mirado sospechoso a los comensales que te rodeaban, porque jurarías a pies juntillas que es rotundamente imposible que tú mismo te hayas comido un plato de comida sin siquiera percatarte, y te resulta de lo más extraño ver cómo tu vaso de bebida se vació sin que lo recuerdes? ¿Y los resultados? No disfrutaste el recorrido al caminar, así como tampoco te deleitaste con el sabor de tu almuerzo. Y lo más triste de todo: después de beberte un vaso lleno de agua fresca seguís con la misma sed.

Otro pequeño análisis. Cuando estamos aburridos, cansados, consternados con el trabajo, con ganas de llegar a casa, pedimos a gritos que el día se pase volando. Si Dios tomara en cuenta todas nuestras plegarias, los lunes durarían menos de una milésima de segundo. Ya que estamos con la jerga, lo que queremos es apretar el fast-forward.

Pero, ¡oh pequeño detalle!: llegó el viernes a la noche, y todos queremos apretar el botón de pausa. Que no se pase el ‘finde’ tan rápido, que la noche sea eterna, que el sábado tenga 48 horas… Y así, desde lo profundo de nuestros corazones, o al menos eso creo, “domingo a la noche” es equivalente a un juramento de los más groseros jamás pronunciados. Es detestable.

¡Es patéticamente irónico! ¿Parece o no parece una broma de mal gusto? Fast-forward de lunes a viernes, pause de sábado a domingo, Fast-forward, pausa, y así vamos, más y más, alternando, día a día y año a año, desesperados, perdidos, con nuestra parte trasera a dos manos buscando un equilibrio del que no vemos ni la sombra… Pero, un momento, ¿qué es ese botón tan grande y redondo en el medio del control? ¿Play? ¿Qué querrá decir? Entonces lo apretás y… ¡sorpresa! Un segundo es un segundo. Ni 0.5 ni 2,4. Al fin el ansiado equilibrio. Y pensar que es por lejos el botón más grande, al menos de mi control remoto…

¿Qué estamos haciendo con nuestras vidas? ¿Hacia qué destino estamos “fast-forwardeando”? Nos estamos olvidando de vivir con menos mediocridad y un poco más de intensidad. Nos regalaron una entrada al cine para ver una única película, y de la cual somos solos protagonistas. Y en esa mágica noche, que no tiene avant-première, cabeceamos, bostezamos, y sin darnos mucha cuenta los amigos y la familia que nos acompañaron al cine lentamente se van marchando por las sendas laterales.

Esa mágica noche, señoras y señores, es a la vez estreno y última función. Y si nos descuidamos y apretamos demasiado a menudo el fast-forward, en un abrir y cerrar de ojos, con el pop a medio comer y casi sin tocar la bebida, nos encontramos en la escena final y a continuación vemos escrito nuestro nombre, de forma lapidaria y sobre un fondo negro. Pero lo más triste de todo, amigo mío, es que por más que llores y patalees, y se lo pidas en dos mil idiomas, el universo no te da entradas para una próxima función…

¿¿Fast-forward?? No, gracias… Déjenme ir en “PLAY”

martes, 31 de agosto de 2010

De trenes y andenes

Partió otro tren, y yo no estoy en él. No porque no quisiera subirme. Simplemente no era el mío. Me enseñó un viejo amigo que no debemos pedir trenes prestados. Que todos tenemos un asiento, en un vagón, en un tren, en un andén… en una estación.

No hay que desesperarse porque a la orilla del mar pasen las lunas. Es que las lunas no pasan. Nosotros sí. ¿Los trenes serán iguales? Quién sabe… Quizá la estación es lo fugaz, y el tren corre y recorre al tiempo, viento en popa y a todo vapor. Quizá si duermo en realidad despierto, y si callo digo lo que siento. Quizá el miedo es mentira y la verdad un juego. O quizás no…

Lo importante es el andén. Este andén en el que pasan las horas. Las horas y los días claros. Y los grises, y las noches frías. Este andén sin gemelo de regreso, donde parten amigos y otros tantos llegan más perdidos que marinero en tierra firme. No se trata sólo de subirse al tren… ¿Cuándo bajar?

En mi banco del andén se sienta una señora de cabello claro que se mira la punta de los pies descalzos. Mueve sus dedos y sonríe. Hace poco la vi bajar del tren, sin bastón y casi sin ropa. Y al otro lado, hacia la puerta de salida, veo un viejo de barba larga y bigote de tabaco, saltando en una pata y silbando un tango viejo. Se va… Por el otro lado, gateando entre los barrotes, entra un niño en pañales sucios. Parece cansado, pero sereno. Él también espera algún tren.

Entonces, como un rayo la oigo. –Levántate y anda- me dice la voz. De pie me dirijo al borde de la plataforma. Y se escucha el crepitar. Crujen las vías y a la izquierda, a lo lejos, lo veo. Es mi tren. Son los faroles que estuve esperando. Doy un paso y el tren se acerca. Cuando baja su ritmo se acelera el mío, y el vapor empapa de un aire nostálgico la vieja estación de piedra. La nada me dice adiós, y con un paso largo me sumerjo en la nueva vida.

Detrás, aún mirándose los dedos con picardía, la señora de los pies descalzos se levanta y camina. –Adiós viajero- tararea esbozando una sonrisa. –Nos vemos la próxima estación…

jueves, 29 de julio de 2010

Sermón que nada contra la corriente...

(suena el teléfono)

- Hola, ¿hijo?

- Sí, papá, ¿Cómo andás?

- Bien, ¿dónde estás?

- En casa de un amigo.

- ¿Haciendo qué?

- Nada, charlando y escuchando un poco de música.

- O sea que haciendo nada… Es la tercera vez esta semana que no te encuentro en casa estudiando. Vos y yo vamos a tener que tener una seria charla hoy de noche.

(más tarde…)

- Sentate, hijo.

- ¿Qué hice ahora?

- Nada, simplemente me preocupa tu futuro. No veo que estés estudiando lo que corresponde. Ayer me llamó tu profesor de latín. Me dijo que te nota ausente.

- ¡Es que me resulta una materia tan inútil!

- Lo entiendo, pero es parte de tu formación profesional. Pensá que en poco y nada estarás yendo a la universidad, y probablemente tengas que conseguir un empleo. Yo trabajo todo el día, lo sé, pero es únicamente para que vos y tu hermana vivan de la mejor manera posible. Por ahí va la mano, ¿no? El trabajo y el estudio son elementales, y sin ellos no hay un futuro que prometa ninguna clase de recompensa. Ya te llegará el momento de escuchar música tanto como te gustaría, pero hay que tener claras las prioridades. ¿Me entendés? Te lo digo por tu bien…

- Sí, papá…

- Nihil sine labore...*

(*Nihil sine labore: locución latina que significa “nada sin esfuerzo”)

¿Y, si por esas cosas de la vida, la situación fuera al revés?

- Hola, ¿papá?

- Sí, hijo, ¿Cómo andás?

- Bien, ¿dónde estás?

- En la oficina.

- ¿Haciendo qué?

- Puf… Un montón de cosas. Estoy lleno de planillas y formularios por doquier.

- O sea que trabajando… Es la quinta vez esta semana que no te encuentro en casa disfrutando de tu tiempo. Vos y yo vamos a tener que tener una seria charla hoy de noche.

(más tarde…)

- Sentate, papá.

- ¿Qué hice ahora?

- Nada, simplemente me preocupa tu presente. No veo que estés disfrutando de la vida como corresponde. Ayer me llamó tu mejor amigo. Me dijo que hace mucho que no se ven.

- ¡Es que ando muy cansado!

- Lo entiendo, pero es parte de tu crecimiento personal. Pensá que en poco y nada los años irán marcando presencia, y probablemente no puedas moverte ni valerte por ti mismo como solías hacerlo. Yo río y canto todo el día, pero es únicamente para que vos y tu esposa aprendan con el ejemplo a aprovechar más cada día y ser un poco más felices. Por ahí va la mano, ¿no? La risa y los amigos son elementales, y sin ellos no hay presente que prometa ninguna clase de recompensa. Ya has estudiado y trabajado lo que correspondía, pero ahora hay que tener claras las prioridades. ¿Me entendés? Te lo digo por tu bien…

- Sí, hijo…

- Carpe diem, papá. Carpe diem

miércoles, 9 de junio de 2010

Look into my eyes / Mírame a los ojos


English version


Look into my eyes

-and tell me what you see.

--Do you see the struggling man

---and the fire of my restless soul?

----Get deep into my thoughts

-----and feel at ease.

----Leave no space unchecked.

---Do you feel it?

-That’s the power of life, mate,

that’s the certainty

-of a forever-promised tomorrow.

--That’s my will and that’s my fate.

---Not another day to die.

----Just another day to live.

-----This is me: the dreamer,

----the warrior and the hero,

---the poet and the lover.

--Do you see it?

-Then keep on going,

take no breaks.

-Have no rest.

--This is it,

---this life is the one.

----Fight for it! Own it!

-----It’s rightfully yours;

----it’s a present from God.

---Now open your eyes and take a look.

--Love surrounds you,

-the wind whispers your name.

Hear the bells

-and listen to the prayers.

--Enjoy the scent of the flowers

---and let the rain cleanse your chest,

----once again.

-----Now, stand up!

----Don’t you dare quit!

---For there is nothing as precious

--as the miracle of life!

-

Spanish version


Mírame a los ojos

-y dime qué ves.

--¿Ves al hombre luchador

---y el fuego de mi alma inquieta?

----Entra en lo profundo de mis pensamientos

-----y ponte cómodo.

----No dejes nada sin revisar.

---¿Lo sientes?

--Ése es el poder de la vida, amigo,

-ésa es la certeza

de un mañana por siempre prometido.

-Ésa es mi voluntad y ése es mi destino.

--No otro día para morir.

---Tan sólo un día más para vivir.

----Este soy yo: el soñador,

-----el guerrero y el héroe,

----el poeta y el amante.

---¿Lo ves?

--Entonces sigue caminando,

-sin pausas.

Sin descanso.

-Es esto,

--esta es la vida.

---¡Pelea por ella! ¡Sé su dueño!

----Es tuya por derecho;

-----es un regalo de Dios.

----Ahora abre tus ojos y mira alrededor.

---El amor te rodea,

--el viento susurra tu nombre.

-Oye las campanas

y escucha las plegarias.

-Disfruta el aroma de las flores

--y deja que la lluvia limpie tu pecho,

---una vez más.

----¡Ahora levántate!

-----¡No te atrevas a rendirte!

----¡Por que no hay nada tan preciado

---como el milagro de la vida!